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Cada 27 de junio, Venezuela conmemora el Día Nacional del Periodista, una fecha que rinde homenaje a la primera edición de El Correo del Orinoco, fundado por Simón Bolívar en 1818.

A más de dos siglos de aquel hito, la esencia de este rol se mantiene intacta: creer en un periodismo con alma, con ética y con propósito. Se trata de un ejercicio comprometido que no debería hipotecar su credibilidad por intereses inmediatos, editoriales ni gerenciales, sino que debería apostar decididamente por el encuentro, la unión y el servicio a los ciudadanos a quienes nos debemos en este rol.

Comunicar desde el periodismo actual no es un acto simple de solo difundir un hecho o describir un contexto a la ligera. Por el contrario, es una labor que debe sostenerse sobre una base responsable, objetiva y rigurosa, sin distinción de los modos o canales digitales que se empleen para su difusión.

En este sentido, destacados teóricos internacionales coinciden en que la tecnología es solo un puente.

El derecho a informar

La libertad de prensa y el respeto a la verdad siguen siendo el verdadero motor de las sociedades democráticas, tal como lo recuerda el marco global de las Naciones Unidas.

En concordancia, la UNESCO celebró recientemente el Día Mundial de la Libertad de Prensa 2026 bajo el lema “Formar un futuro en paz: promover la libertad de prensa para los derechos humanos, el desarrollo y la seguridad”. El organismo advierte sobre el declive global en el acceso a información confiable y los riesgos físicos y digitales que enfrentan los comunicadores, reafirmando que sin periodismo independiente no hay paz sostenible.

Por su parte, el acontecimiento del 3 de enero de 2026, supuso un punto de inflexión y de cambio para el periodismo venezolano, en el que los profesionales transformaron el ecosistema informativo ante el colapso y el silencio inicial de los medios tradicionales. Este suceso hizo que la prensa independiente asumiera de inmediato un rol protagónico.

El contexto venezolano más la evolución global de la comunicación ha hecho que el periodista, desde el impacto tecnológico, migre a plataformas digitales, también por la desaparición de modalidades clásicas de difundir la noticia, bien bajo la acción gubernamental, así como por el avasallante paso de la internet.

Estos sucesos han redefinido la agenda periodística, en la que la censura y autocensura han dado paso ante el nuevo mapa político.

El reordenamiento del Ejecutivo encargado y las nuevas dinámicas de gobernabilidad han influido de manera ambivalente en la flexibilización de la labor informativa.

Uso de la IA y las redes con criterio humano y ética profesional

Los desafíos para los profesionales de la comunicación siguen y seguirán existiendo en el entorno digital. Estos retos van desde el acceso a datos certeros y públicos como garantía de una información veraz, hasta la necesidad de aprender y adaptarse a las nuevas herramientas tecnológicas, como la Inteligencia Artificial (IA).

Al respecto, el uso de la IA en las salas de redacción exige una atención profundamente ética. Como señala el célebre periodista polaco Ryszard Kapuściński: «Para ser buen periodista hay que ser buena persona». La IA puede agilizar la organización de datos, pero jamás podrá sustituir la empatía, el criterio humano ni el contraste de fuentes indispensables para evitar la desinformación.

Frente al auge de las redes sociales, en la que cualquier usuario puede difundir contenidos de forma masiva sin filtros ni verificación, el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) recuerda la importancia del ejercicio profesional amparado en la Ley de Ejercicio del Periodismo y el Código de Ética del Periodista Venezolano. Estas normas legales y morales establecen que la búsqueda de la verdad es un compromiso exclusivo de profesionales graduados y debidamente preparados.

Un comunicador con vocación y formación académica no busca la notoriedad ni el «me gusta»; su meta es aportar de manera constructiva para una mejor sociedad mediante el respeto estricto a su oficio.

El periodismo ante la emergencia

Finalmente, situaciones críticas demuestran el valor de este rigor profesional. Ante emergencias extremas, como los recientes eventos sísmicos que han afectado a diversas regiones del territorio nacional, el papel del periodista y de los medios de comunicación se vuelve vital.

En esos momentos, la cobertura debe equilibrar la objetividad técnica con el sentido humano. Lejos de buscar el sensacionalismo o alarmar a la población, el profesional graduado actúa como un canal seguro para coordinar la ayuda, verificar los reportes de daños, combatir los rumores de las redes y dar voz a los afectados con total sensibilidad y responsabilidad.


Luis Eduardo Loyo

Licenciado en Comunicación Social Periodista / Locutor / Gestor de Redes Sociales Venezuela

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