Dos docenas de líderes mundiales se reúnen este martes en Rusia para la apertura de una cumbre del grupo BRICS, una alianza de economías emergentes que el Kremlin espera que desafíe la «hegemonía» occidental.
La cumbre es la mayor reunión de este tipo que se celebra en Rusia desde que ordenó la entrada de tropas en Ucrania y se produce en un momento en que el presidente ruso Vladimir Putin intenta demostrar que los intentos occidentales de aislar a Moscú por la ofensiva de dos años y medio han fracasado.
Moscú ha hecho de la expansión del grupo BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) uno de los pilares de su política exterior.
Entre los principales temas de la agenda figura la idea de Putin de crear un sistema de pagos liderado por los BRICS, que compita con SWIFT, una red financiera internacional de la que los bancos rusos quedaron desconectados en 2022, así como la escalada del conflicto en Oriente Próximo.
El Kremlin ha promocionado la reunión como un triunfo diplomático que le ayudará a construir una alianza para desafiar la «hegemonía» occidental.
Ladrillo a ladrillo
Estados Unidos ha descartado la idea de que los BRICS puedan convertirse en un «rival geopolítico», pero ha expresado su preocupación por el hecho de que Moscú muestre su músculo diplomático en pleno conflicto ucraniano.
Moscú no ha dejado de avanzar este año en el campo de batalla del este de Ucrania, al tiempo que reforzaba sus lazos con China, Irán y Corea del Norte, tres de los adversarios de Washington.
Al reunir al grupo BRICS en Kazán, el Kremlin «pretende demostrar que Rusia no sólo no está aislada, sino que tiene socios y aliados», declaró a la AFP el analista político moscovita Konstantin Kalachev.



