Inspeccionadas en silencio pero obligadas a abrir sus puertas, el complejo Luisa de Morales ubicada en el municipio Arístides Bastidas, y la escuela Josefa Marín de Narváez en el municipio Manuel Monge, se han convertido en el reflejo de la inacción gubernamental en Yaracuy.
Padres y representantes denuncian que las instalaciones operan sin conocer el contenido de los informes técnicos posteriores a los sismos del pasado 24 de junio y a pesar de presentar fallas estructurales evidentes.

A más de noventa días del doble evento sísmico y a dos semanas de haber iniciado el año escolar, diversas instituciones educativas en la entidad permanecen con graves afectaciones sin recibir atención oficial. La comunidad educativa advierte con profunda preocupación que planteles como la escuela de Guabina, en el municipio Veroes, operan también bajo estas mismas circunstancias de vulnerabilidad.

En el municipio Arístides Bastidas, la incertidumbre arropa a la comunidad del Complejo Luisa de Morales, ubicado en San Pablo, Pedro Herrera, representante afectado, señaló que tienen conocimiento de que semanas atrás se realizó una inspección y el levantamiento de un informe sobre la situación de la infraestructura; sin embargo, hasta la fecha no se ha convocado ninguna asamblea para dar a conocer los resultados a los padres.

«Estamos exigiendo claridad porque allí hacen vida más de 1.000 estudiantes, es una de las matrículas más altas del municipio, queremos saber cuál es la situación del área inspeccionada, quién realizó la evaluación y cuál es el estatus real de este colegio para poder estar tranquilos y mandar a nuestros muchachos a clases con confianza» expresó Herrera.

La realidad en el municipio Manuel Monge no es distinta, Beatriz Véliz, representante afectada de la Escuela Josefa Marín de Narváez, indicó que aunque en el plantel existían problemas de vieja data, los movimientos telúricos terminaron por agravar las fallas preexistentes.

«El problema es que pasaron muchos años sin hacer mantenimiento, y es una verdadera tristeza, porque esta institución ha sacado a cientos de profesionales que hoy nos han representado tanto dentro como fuera de nuestro país», lamentó Véliz.

A esta situación se suma el testimonio de Dionisio Amaro, padre de uno de los alumnos, quien detalló que apenas seis salones se encuentran en condiciones a medias, advirtiendo que las precariedades se multiplican al llover, «Ya los techos venían en malas condiciones, y con el sismo terminó por dañarse porque eso es madera, y cuando llueve los muchachos deben resguardarse porque se moja más adentro que afuera».

Amaro denunció además la indolencia y el bloqueo institucional ante las propuestas de solución que provienen de la propia sociedad civil, aseguró que las autoridades locales tienen pleno conocimiento de la crisis, «El alcalde está al tanto de esta situación; los comerciantes del municipio han querido intervenir y dar un apoyo para recuperar este espacio, pero la alcaldía no los deja, es el clásico ‘no lavan ni prestan la batea'», concluyó.
Ante este panorama de opacidad, riesgo estructural y escuelas operando a medias, padres y representantes exigen respuestas transparentes, inspecciones públicas y la intervención urgente de los entes competentes antes de que ocurra una tragedia en las aulas Yaracuyanas.





