A tres semanas del doblete sísmico que sacudió al país el pasado 24 de junio, la situación en el municipio Veroes del estado Yaracuy se torna cada vez más crítica.
Con un balance de aproximadamente 3.000 viviendas afectadas, cientos de familias continúan luchando por recuperar la normalidad en medio de la incertidumbre y la carencia de servicios básicos.

En la comunidad de Palmarejo, una bodega local denominada irónicamente «La Salida» se ha convertido en el refugio improvisado de 15 familias que, ante el temor de nuevas réplicas y las graves grietas en sus hogares, han tenido que abandonar sus casas.

«Ellos tuvieron que salir de sus hogares por seguridad, ante la tragedia, no pude darles la espalda», relata Richard Quiñones, propietario del establecimiento y habitante de la zona.
Actualmente, estas familias conviven en el lugar mientras aguardan por inspecciones técnicas que determinen si sus residencias siguen siendo habitables.

La emergencia se ha visto agravada por una severa crisis en el acceso a agua apta para el consumo humano, en sectores como Agua Negra, la caída de un tanque aéreo obligó a las autoridades a improvisar un sistema de distribución mediante mangueras conectadas a un pozo cercano.

No obstante, los habitantes advierten que el agua no es potable, «La consumimos por pura necesidad, pero somos conscientes de que es un riesgo grave para nuestra salud», señaló Nelsi García, residente de la zona.

La situación en comunidades como El Chino, Palmarejo y Agua Negra agudiza las carencias preexistentes en la región, si bien el gobierno local ha desplegado labores de asistencia, la magnitud del daño, que alcanza las 3.000 viviendas, desborda la capacidad de respuesta actual, dejando a muchas familias ante el duro proceso de comenzar de cero.



