
A pocos días de haberse conmemorado el Día Nacional del Periodista en Venezuela, el eco de las réplicas aún mantiene en vilo a Yaracuy y a toda la geografía venezolana. La tragedia telúrica que hoy atravesamos nos demuestra que la información se transforma en un bien de primera necesidad, en tiempo real, y que el periodista es el primer rescatista de la verdad entre los escombros. Para entender la entereza con la que hoy se informa en medio de la emergencia, es obligatorio volver la mirada al pasado y revisar cómo se fundaron los cimientos de la prensa en nuestra tierra, la historia del periodismo en Yaracuy emerge como un faro indispensable. Repasar el nacimiento de los primeros boletines, imprentas y crónicas locales es recordar que este Estado siempre se ha sabido levantar a través de la palabra escrita.
No es casual que, hurgando en documentos que celosamente guardo, me haya encontrado con una serie de escritos dejados por mi tío Matías Dudamell García, entre los cuales me topé con uno titulado: “HASTA AHORA NO HAY DATOS PRECISOS SOBRE EL PERIODISMO EN YARACUY”, en el cual narra lo difícil que le resultó encontrar una fuente fidedigna para hablar –o escribir- con certeza sobre el periodismo en Yaracuy. Sin embargo; señala (todo lo que copio a continuación y que atesoro como parte de su legado) que, de acuerdo con la escueta documentación que se ha logrado escudriñar, el número de medios impresos que circularon desde que se tuvo la oportunidad de disfrutar los moldes o caracteres y demás implementos tipográficos ha dejado la huella de aquellos hombres que a sacrificio propio intentaron y lograron plasmar -aunque de manera efímera- el acontecer de la región de aquellos tiempos hasta el presente. Pero no es satisfactorio expresar que con la recopilación de esos medios noticiosos está plasmada la historia del periodismo yaracuyano, podría hablarse, y esto con el temor de pecar de inocente, de la historia del periodismo sanfelipeño, pues la mayoría de esos órganos se hace ver que tuvo su origen en esta capital tal vez por desconocerse o no querer profundizar en la génesis de estos.
Si nos remontamos a la época en que por primera vez se conoció en Yaracuy un periódico, podemos apreciar que no fue por necesidad de su editor convertirse en empresario, sino por la necesidad de plasmar los acontecimientos sucedidos desde que Venezuela lanzó su voz de libertad, tal vez para entonces, privó la inspiración impresa en la Gazzeta de Caracas un momento después de lograda la independencia, tal como ocurrió entre quienes desde 1830 en Caracas y Zulia comenzaron a incursionar en ese periodismo que más que todo fue de porte subjetivo. Así encontramos que los periodistas en Yaracuy eran hombres absorbidos por sus diferentes profesiones: comerciantes, hacendados, médicos, farmaceutas, educadores; hombres con holgadas posiciones socioeconómicas y considerado don de cultura, con lo que se hacían merecedores del mayor respeto colectivo y por ello casi todos actuaban como los máximos representantes de la ciudad. Unidos a ellos estaban los tipógrafos tanto de Carabobo como de Lara, hasta donde tenían que trasladarse para lograr la impresión de sus opiniones y posteriormente regresar campantes y satisfechos con su medio impreso, que seguidamente hacían circular en el medio urbano donde era saboreado por la selecta clase de lectores. Pero la pugna, tanto política como intelectual, fue llevando a otros bombines de letras a hacerse de una imprenta propia, ya que no contaban con recursos como sus adversarios, es así como optaron por convertirse en tipógrafos mediante la oportunidad que tuvieron de ser ellos mismos o mandar a hijos o amigos a esas imprentas carabobeñas y larenses donde capitalizaron conocimientos con los que posteriormente decidieron fundar o editar periódicos y revistas que contrastaban con los de la alta sociedad. El subjetivismo tomó tanta importancia que ya no eran los periódicos establecidos los únicos que leía la gente, también buscaba leer los voceros que, editados por una misma persona o un par de tipógrafos, iban penetrando en esas masas que siempre han protestado por la igualdad de las clases.
La Guerra Federal y las posteriores escaramuzas que atosigaban al país no excluían a Yaracuy y por eso era mucho el periódico que un día estaba con el gobierno y otro con la revolución; es decir, cada vez que se posesionaba un gobernante aparecía un nuevo periódico cuyo editor, impresor, director o fundador lo identificaba con el gobierno de turno, cosa que no sucedía con los elaborados por los tipógrafos ya que con la consigna «Podemos haber tipógrafos sin periódicos, pero no periódicos sin tipógrafos» poco a poco fueron ejerciendo mayor poder y sus medios desplazaban a los de quienes tenían que marchar a Carabobo o a Lara en pos de la edición de aquellos. Es por ello que muchos de los periódicos desaparecían y reaparecían dirigidos por nuevos editores o por sus anteriores dueños o fundadores; otros tuvieron vida efímera. Estos periódicos opositores a los mandatarios de turno contenían más que todo el humorismo impregnado de chanzas y sátiras indirectas no solo contra el sistema, sino contra sus representantes, lo que dio pie a que los voceros al servicio del régimen respondieran con las mismas armas a tales opiniones consideradas por ellos como ofensas, hasta llegar al extremo de emplear el poder contra sus opositores. Por eso casi siempre los periodistas de oposición o cerraban sus medios informativos y volvían a la carga con nuevas creaciones o eran víctimas de la persecución, agresiones y arrestos. Pero ello no solo sucedía en San Felipe, en las otras regiones yaracuyanas también existía ese afán por el periodismo y en consecuencia, esos hombres de letras y de inquietudes políticas vivían luchando por sus ideales, que dejaban entrever a través de los periódicos o revistas que editaban en aquellas ciudades, medios informativos de los cuales se carece para poder afirmar con exactitud la génesis del periodismo yaracuyano.
En tal sentido, podemos decir que ese periodismo era un periodismo romántico, creativo, subjetivo, ensalzando a unos y hundiendo a otros, costeado por su propio editor o director, ya que no vivía de las pautas comerciales como el periodismo actual, en que las empresas están sumidas al criterio de quienes les sostienen con la publicidad en resguardo de los intereses empresariales y amparados en la ahora llamada ética del periodismo, muy poco espacio dedican a la opinión particular, pues prefieren seleccionar sus columnistas y colaboradores y mantener enmarcados en la línea de esos intereses a los que como reporteros o redactores, han de ceñirse a las indicaciones de sus superiores, dando razón así a la opinión sustentada de: «Mientras haya intereses creados, no puede haber periodismo objetivo». Prácticamente, los periódicos vivían gracias al tesón de sus dueños o directores, afirmación que corrobora el periódico «Recortes» aparecido en 1909, cuando en nueve versos dejó sentada esta gran verdad: «Quien se meta a periodista / Dios le valga, Dios le asista / pues ha de ser director, redactor y corrector / gerente, editor, cajista / censor, colaborador / corresponsal, maquinista / ha de suplir al prensista y a veces hasta al lector»
Demos una mirada, pues, a la cronología de aquellos pioneros que enseñaron a Yaracuy a hablarle al país. Entre algunos de los periódicos y revistas nombrados por Matías Dudamell en su escrito, destacan, en orden de publicación durante los siglos XIX y XX, los siguientes:
1853-1897. EL YARACUYANO (Dirigido por Pedro Pablo Guédez (se editaba en Valencia). NUEVA ERA (de José M. Rocha y M. A. . LA PAZ DEL YARACUY (de Manuel A. Melendez). EL SOL DE OCCIDENTE (de José M Rocha). EL VOTO LIBRE (de Víctor A Lugo). LA AUTONOMÍA NACIENTE (de José M. Rocha y Manuel A. Meléndez). LA CRUZ (del cura J.M. Heredia), EL PROGRESO (del Br. Trinidad Figueira), EL CARTABÓN (de Pedro M. Sosa). LA CAMPANA (de Domingo Bello h
1920-1940 – SIGLO XX (de J.T. Martínez). RECORTES (de Paulo Emilio Ávila). ECOS DEL YARACUY (de Nicolás Perazzo y J. Nicolás Torrellas). YARACUY (Diario de Nicolás Perazzo y Manuel Álvarez Amengual). CRISOL (de Nicolás Ojeda Parra). COMIENZO (de Rafael Longobardi). SURCO (de Raúl Domínguez). PININOS (de la escuela Cecilia Mujica). EL GALLO PELÓN. VENEZUELA LIBRE ( Gilberto Antolinez y Rafael T.
1940-1950. AVANCE (de Nicolás Ojeda Parra). TUCUSITO (Revista de Francisco de Sales Pérez y Marcial Mendoza Estrella) LA VOZ DE YARACUY (de Carlos Romero Agüero). EL ALACRÁN (de Alfredo Velásquez). EL VIGÍA (de Juan Velásquez) EL PIRATA DE LOS 7 MARES (de Chun Morales). ATALAYA, (de Juan V. Navas). EL COMPÁS (de la Logia Tolerancia No. 15) JUVENTUD (de Carlos Castillo). GRÍMPOLA (Revista, de una peña literaria, entre quienes figuraban Rafael Dudamell García, Silvio Castellanos, Ernesto Brand Torrellas, Marcial Mendoza Estrella y otros). EL IMPARCIAL (de Chun Morales). EL COCO (de José María. Gil (chegil)
1950-1960. YUNQUE (de Eleazar Días Rangel). COPEI (del partido Copei). EL INDEPENDIENTE (de Chun Morales) EL YARACUYANO (oficialista, dirigido por Dr. Manuel A. Álvarez Amengual). NICARAGUA (Revista bajo el profesorado del G.E. República de Nicaragua). EL COCOROTEÑO (de Rafael Zárraga). ULTIMA HORA (de Chun Morales y Cruz Ramón Galíndez). EL DÍA (de Chun Morales y Cruz Ramón Galíndez, dirigido por Dr. Pablo E Mendoza O). EL CAIMÁN (de Matías Dudamell García

El Reportero de Matias Dudamell García
1960-1970. EL CONUQUERO (de la Federación Campesina del Yaracuy. COMBATE (del partido A.D.). HOY (de Enrique Tirado Reyes y Luis León Arocha). LA PATILLA (de Rafael Longobardi y Felipe Gutiérrez Serrano). EL ESTUDIANTE (del Liceo Arístides Rojas). EL MUDO (de Matías Dudamell García y Anuar J. Mogollón, de vida efímera). EL REPORTERO (de Matías Dudamell García), ofrecido a la entonces Asociación Venezolana de Periodistas, seccional Yaracuy). GALEÓN (del Centro de Historia del Yaracuy, dirigido por Pablo Mendoza Reyes) AL GALOPE (del P.R.N., dirigido por José María Gil). CENTRO (Revista, de Cruz Ramón Galíndez) EL EXPRESO (DE Chun Morales). DEPORTES (de Efraín Guevara Iglesias), CANCHA (de Enrique Tirado Reyes HUMANIDADES (Revista del Liceo Arístides Rojas, (dirigido por el prof Fernando Ramírez). CRISOL, (de los hermanos Ojeda García). JUVENTUD, de los hermanos Ojeda García). SPORT (de Ramón Guillermo Rangel.
1970-1980. ENFOQUES (de Armando Domínguez), INFORMACIÓN (de. Matías Dudamell García y Fernando Sedano, de vida LA PRENSA (de Ángel S. Talavera, de vida efímera). ASÍ, Revista de Rabel Zárraga. POR QUÉ (dirigido por el Dr. Pablo Emilio Mendoza O). EL NOTICIERO (de Matías Dúdamell García, de vida efímera). EL CHUZO (de Rafael Zárraga). SANTA LUCIA (Revista, de Ottón Carvallo). EL YARACUYANO. (Reaparece bajo la dirección de José M Rocha). EL DIARIO DE YARACUY. YARACUY AL DÍA (de Carlos J. Pinto D.). EL YARITAGUEÑO y EL PUEBLO (de Otton Carvallo).
1978-84). TRINCHERA. (de vida efímera). SIN TAPUJO (de Nelson Aguilar, de vida efímera). EL DEPORTIVO (de Nicolás Ojeda García, de vida efímera). IMPACTO (Revista, dirigida por Francisco Capdevielle).
1980-1990. VIGENCIA (Revista de Pedro Pablo Cárdenas, de vida efímera). EL FUERTE (dirigido por Luis Alcina)
Con el correr de los años estos voceros, o periódicos, desaparecieron, siendo el único sobreviviente, has la presente fecha, el diario “Yaracuy al Día” sorteando las dificultades de papel y distribución.



