Un reciente estudio presentado por el Observatorio de Investigaciones Sociales en Frontera (Odisef) ha encendido las alarmas sobre una transformación crítica en el fenómeno migratorio venezolano. Los datos revelan que el país no solo está recibiendo de vuelta a sus ciudadanos, sino que lo hace bajo condiciones de vulnerabilidad académica extrema, lo que plantea un desafío estructural para la ya debilitada economía nacional.
El ocaso del capital humano: Radiografía del regresante
La investigación, centrada en el eje fronterizo entre el departamento colombiano de Norte de Santander y el estado Táchira, arroja estadísticas contundentes sobre el nivel de instrucción de quienes cruzan de vuelta. Según el informe, el 60,5% de los retornados cuenta únicamente con educación primaria básica. Este dato se complementa con un 22,2% que logró culminar el bachillerato, mientras que un alarmante 15% de los encuestados manifestó no poseer ningún tipo de formación académica formal.
En el espectro de la educación superior, el panorama es casi inexistente: en la muestra analizada, apenas una persona reportó poseer estudios universitarios. Este perfil contrasta drásticamente con las primeras olas migratorias de décadas pasadas, compuestas mayoritariamente por profesionales calificados. Hoy, la población que regresa es mayoritariamente joven —con un 62% ubicado entre los 18 y 29 años— pero carece de las certificaciones necesarias para competir en un mercado laboral formal.
El factor «expulsión» en los países de acogida
El flujo migratorio ha dado un giro histórico en 2026. Por primera vez en años, el volumen de personas que ingresan al país supera al de quienes deciden partir. Se estima que un 54% de la movilidad en frontera corresponde a retornos, impulsados principalmente por el fracaso de las políticas de integración en las naciones receptoras.
Entre las causas principales del regreso, los encuestados señalaron:
- Precariedad Laboral: El 51,6% de los migrantes se desempeñaba en sectores de baja cualificación, como ventas ambulantes o servicios de limpieza, sin seguridad social.
- Barreras Documentales: La falta de estatus legal impidió a muchos acceder a empleos dignos, enfrentando rechazos sistemáticos por su nacionalidad o carencia de papeles.
- Xenofobia y Seguridad: El endurecimiento de las normas migratorias en países como Chile, Perú y Ecuador, sumado a un aumento en la estigmatización mediática, ha forzado a miles a emprender el camino de vuelta.
¿Un país preparado para absorber el retorno?
El retorno masivo de ciudadanos con baja formación académica supone un «cuello de botella» para la reconstrucción de Venezuela. Los expertos de Odisef advierten que esta población llega con menos herramientas para reinsertarse productivamente, lo que podría agravar la crisis social interna si no se implementan programas de capacitación masiva.
Aunque la juventud de los retornados representa un potencial físico importante, su alta vulnerabilidad limita las posibilidades de emprendimiento independiente. La mayoría apuesta por empleos formales que el Estado y la empresa privada, en su estado actual, difícilmente pueden garantizar.
La gran interrogante que queda sobre la mesa es si el sistema venezolano —que ya enfrenta una emergencia humanitaria y un deterioro profundo en sus servicios básicos— tiene la capacidad de ofrecer una vida digna a estos millones de ciudadanos que regresan tras años de decepciones en el extranjero.



