En un ambiente de profundo recogimiento y silencio, este Viernes Santo se cumplió la edición número 131 de la procesión del Santo Cuerpo, consolidándose como la manifestación religiosa más antigua y arraigada en el sentimiento de los yaritagueños.
La jornada inició a las 10:00 de la mañana en la emblemática «Casa de los Aromas». Desde allí, la imagen parte en compañía de su custodio, Otón Carballo, junto a miembros de la Sociedad del Santo Cuerpo, dónde una multitud de fieles se vuelcan a las calles para rendir tributo a la sagrada imagen, contando con la presencia del alcalde Giovanny Parra, quien es también devoto.

Tradición de siglos y acordes de fe
El recorrido por la carrera 7 está marcado por la solemnidad de los acordes del «Popule Meus», obra maestra de José Ángel Lamas, interpretada por la orquesta «Los Querubines del Señor» bajo la batuta del maestro Román Guedes. El sonar de los redoblantes y las notas del «Miserere» acompañan el paso lento del Santo, creando una atmósfera de despedida que conmueve a los presentes.

A lo largo del casco histórico, las familias locales mantienen viva la costumbre de esperar la procesión en las esquinas para ofrecer agua y dulces a los promeseros.
Como una herencia generacional, los devotos asisten con sus hijos, tal como sus padres y abuelos lo hicieron por más de un siglo.

Un encuentro con la devoción
Tras su célebre entrada a la Iglesia Santa Lucía, la imagen permanece en el templo durante varias horas. Es el momento en que el pueblo se acerca para depositar los tradicionales 33 credos, en un acto de fe personal y comunitaria. Los rostros de los devotos, algunos descalzos y otros vestidos de morado, reflejan la carga emocional de esta tradición centenaria.
En horas de la noche, el Santo Cuerpo emprende su retorno hacia la Casa de los Aromas, caminando nuevamente hacia su hogar de resguardo donde permanecerá hasta el próximo año.
Prensa Alcaldía del Municipio Peña



