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Cada 23 de abril, el mundo honra el poder de la palabra en el Día Internacional del Libro y del Idioma Español. Esta fecha, que conmemora el legado de gigantes de la literatura como Cervantes y Shakespeare, nos invita a reflexionar sobre la resistencia del pensamiento escrito ante la era de la inmediatez digital.

A pesar del boom de los libros digitales, que ofrecen la biblioteca del mundo en la palma de la mano, el libro impreso se niega a desaparecer. El aroma y el peso del papel sigue siendo el refugio predilecto de quienes buscan una desconexión real frente a la tiranía de las pantallas. Hoy, lejos de excluirse, ambos formatos coexisten: lo digital nos da inmediatez, pero lo impreso nos otorga permanencia.

Nuestra identidad hispana encuentra su eco en voces venezolanas que nos han legado obras imprescindibles que hoy celebramos, entre ellas destacan: “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos. “Memorias de Mamá Blanca” de Teresa de la Parra, “Derrota” de Rafael Cadenas, entre muchas otras que enriquecen nuestra literatura., pero que sería muy largo nombrar.

La presencia de libros en nuestras bibliotecas, casas y escuelas no es un mero adorno, sino el pulso de nuestra memoria viva. Un estante lleno de libros es un mapa de quiénes somos y de los viajes que hemos emprendido sin movernos de casa. En las aulas, el libro de texto sigue siendo el puente más sólido para la concentración y admiración de las letras, un objeto que se puede rayar, abrazar y guardar para que otros lo disfruten.

Más allá de la eficiencia tecnológica, leer un libro impreso es un acto de intimidad irremplazable. Existe un sentimiento indescriptible al recorrer con los dedos la textura de una página o al escuchar el crujido del lomo al abrirse por primera vez; es un diálogo físico que lo digital, en su fría perfección, no logra reemplazar.

La convivencia entre el papel y la nube representa una oportunidad sin precedentes para la democratización del conocimiento. En este cruce de caminos, el periodista digital y el lector de clásicos se encuentran: uno aporta la luz del momento y el otro la sombra del reposo. Ya sea sobre la rugosidad de una página o el brillo de un monitor, la palabra escrita, esa que Cervantes pulió y que hoy nosotros tecleamos con urgencia, seguirá siendo el puente fundamental de la cultura.

 


Yaritza Dudamell Lucena

Yaritza Dudamell Lucena

Docente universitaria. Periodista (C.N.P. 15.501) Licenciada en Comunicación Social (Universidad Católica “Cecilio Acosta”). Esp en Gerencia Pública. MSc. Administración y Supervisión de la Educación.