Los constantes y prolongados apagones que se registran en el estado Yaracuy han encendido la alarma entre comerciantes, industriales y la población en general. La falta de electricidad, que en ocasiones se extiende por más de siete horas continuas, está afectando gravemente el normal desenvolvimiento de la vida cotidiana y la actividad económica en poblaciones como Marín, Albarico, La Ciudadela, Independencia, Cocorote, Guama, San Pablo, el municipio Veroes e incluso la propia capital, San Felipe.
Los cortes de energía se producen sin previo aviso, lo que genera incertidumbre y dificulta la planificación de las actividades. Comerciantes denuncian pérdidas económicas debido a la paralización de sus negocios, mientras que industriales advierten sobre el impacto en la producción y la imposibilidad de cumplir con compromisos de distribución. La población, por su parte, enfrenta serias dificultades para conservar alimentos y mantener el funcionamiento de electrodomésticos esenciales.

Cada bajón, un aparato menos
Uno de los problemas más recurrentes son los bajones eléctricos que acompañan a los apagones. Vecinos de distintas comunidades han reportado daños en equipos de refrigeración, televisores, computadoras y otros electrodomésticos. “Cada vez que regresa la luz, lo hace con una fuerza irregular que termina quemando los aparatos. Ya he perdido dos neveras en menos de un año”, relató una habitante de Cocorote, reflejando la frustración de muchos hogares.
Los «bajones» o fluctuaciones de voltaje están causando estragos en el patrimonio familiar. Habitantes de diversos municipios denuncian con impotencia la pérdida de neveras, televisores y equipos de aire acondicionado.
«Ayer, después de una fluctuación violenta, mi refrigerador simplemente no arrancó más. ¿Quién me paga eso? Corpoelec no se hace responsable y un técnico cobra más de lo que gano en un mes», relata una vecina de San Felipe. Los equipos de refrigeración, vitales para conservar los pocos alimentos que las familias logran adquirir, son los más vulnerables, lo que agrava la crisis de seguridad alimentaria en los hogares yaracuyanos.
La situación también ha afectado la vida social y cultural de la región. En sectores como Guama y San Pablo, las actividades comunitarias se ven interrumpidas constantemente, mientras que en San Felipe, la capital, los apagones han paralizado oficinas públicas y privadas, generando retrasos en trámites y servicios. La falta de información oficial sobre los horarios de los cortes incrementa la molestia ciudadana, pues los habitantes sienten que se les niega el derecho a organizarse frente a la crisis.
El sector comercial ha sido uno de los más golpeados. Restaurantes, panaderías y pequeños negocios que dependen de la refrigeración para conservar sus productos reportan pérdidas diarias. “No podemos trabajar con normalidad, los clientes se van porque no hay luz y la mercancía se daña”, expresó un comerciante de Marín. En la industria, las consecuencias son aún más severas: fábricas y talleres se ven obligados a detener sus operaciones, afectando la cadena de producción y distribución en toda la región.
La incertidumbre se ha convertido en parte de la rutina de los yaracuyanos. Sin un cronograma oficial de racionamiento, las familias viven en constante zozobra, sin saber cuándo volverán a quedarse sin electricidad. Esta falta de previsión no solo afecta la economía, sino también la salud y el bienestar de la población, que depende de equipos médicos y de refrigeración para preservar medicamentos y alimentos.
Un llamado urgente a las autoridades
La población exige transparencia. El reclamo principal no es solo la mejora del servicio, sino el respeto al derecho a la información. La ausencia de un plan de contingencia anunciado obliga a los ciudadanos a vivir en un estado de alerta permanente. Mientras tanto, Yaracuy sigue intentando sobrevivir entre el calor, la oscuridad y el silencio de las autoridades eléctricas, esperando una solución que parece no llegar en el corto plazo.
En medio de la crisis, las denuncias se multiplican y la exigencia de soluciones inmediatas se hace cada vez más fuerte. Los habitantes de Yaracuy reclaman respuestas claras y acciones concretas que permitan recuperar la estabilidad eléctrica y garantizar un servicio básico que hoy se ha convertido en un lujo. Mientras tanto, la sombra de los apagones sigue cubriendo al estado, dejando tras de sí pérdidas materiales, frustración y un profundo sentimiento de abandono.



