El estado Yaracuy ha desplegado una amplia red de 223 puestos de vacunación distribuidos en sus 14 municipios, con el objetivo de fortalecer la protección contra la fiebre amarilla. La estrategia, confirmada por la epidemióloga regional Carmen Yánez, se articula a través de ambulatorios, Centros de Diagnóstico Integral (CDI) y consultorios populares, garantizando que la cobertura llegue tanto a zonas urbanas como rurales.
Vacunación desde la infancia
Yánez explicó que todos los niños menores de un año reciben la inmunización contra la fiebre amarilla como parte del esquema ordinario de protección, junto a la trivalente viral SRP. Además, la campaña se extiende a niños mayores, jóvenes y adultos hasta los 59 años que no tengan registro previo de vacunación antiamarílica, lo que amplía significativamente el rango de beneficiarios y refuerza la prevención comunitaria.
Balance de dosis aplicadas
En lo que va de año, más de 14 mil dosis han sido administradas entre niños y adultos, cifra que refleja la intensidad del operativo y la respuesta positiva de la población. Este esfuerzo cobra especial relevancia ante la proximidad de estados vecinos como Lara, Portuguesa, Barinas y Aragua, considerados zonas priorizadas, así como frente a países con brotes activos de fiebre amarilla. La recomendación de las autoridades es clara: vacunarse constituye la mejor defensa para evitar contagios y complicaciones.
Contexto regional y global
La fiebre amarilla, enfermedad viral transmitida por mosquitos, ha sido históricamente un desafío para América Latina. Aunque Venezuela ha mantenido campañas sostenidas de inmunización, la movilidad fronteriza y la presencia de brotes en países cercanos obligan a reforzar las medidas preventivas. En este sentido, Yaracuy se posiciona como un estado modelo al garantizar acceso amplio y gratuito a la vacuna, reduciendo riesgos epidemiológicos y fortaleciendo la salud pública.
Implicaciones sociales y sanitarias
La disponibilidad de 223 puntos de vacunación no solo representa un logro logístico, sino también un compromiso político y comunitario con la protección de la población. La articulación entre instituciones sanitarias y la participación ciudadana son claves para mantener la cobertura y evitar que la fiebre amarilla se convierta en una amenaza recurrente. Además, la estrategia contribuye a consolidar la confianza en el sistema de salud y a promover la cultura de la prevención.
La campaña en Yaracuy demuestra que la inmunización sigue siendo una herramienta esencial para preservar la vida y la estabilidad social. En un escenario donde las enfermedades transmitidas por vectores continúan desafiando a la región, la vacuna contra la fiebre amarilla se erige como un escudo colectivo. La invitación de las autoridades es contundente: acudir a los puestos habilitados no solo protege al individuo, sino que fortalece la seguridad sanitaria de toda la comunidad.


