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La noticia del fallecimiento del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay estremeció titulares, redacciones y corazones. Frente al Congreso de la República, cámaras, coronas de flores y un silencio solemne anunciaban la partida de uno de los suyos. Adentro, el Capitolio Nacional suspendía su marcha por tres días para rendirle homenaje.

Uribe Turbay no era solo una figura política. Era esposo, padre, hijo, hermano y amigo. Su muerte, confirmada por la Fundación Santa Fe a las 6:30 a. m., ocurrió a la 1:56 de la madrugada, tras más de dos meses en cuidados intensivos. El derrame cerebral que lo venció fue consecuencia de un atentado ocurrido el 7 de junio, cuando un joven de 15 años, manipulado por redes criminales, le disparó dos veces en la cabeza. La Fiscalía continúa investigando el caso, que exige respuestas urgentes.

Quince horas después del anuncio, el féretro llegó al Salón Elíptico de la Cámara de Representantes. Familiares, amigos y colegas desfilaron en silencio por los pasillos, aguardando el momento de despedirlo. La ceremonia no estuvo marcada por lágrimas, sino por la resiliencia y el amor que Miguel sembró en quienes lo rodeaban.

Su esposa, María Claudia Tarazona, ofreció un mensaje sereno y firme: “Para honrar a Miguel solo debe haber amor en nuestros corazones, porque eso era lo que habitaba en el corazón de él, solo amor”. Rechazó la venganza y pidió justicia como forma de dignificar la democracia. “Romper una familia es el acto de violencia más horrible que se pueda cometer jamás (…) Miguel soñaba con un país donde ningún niño repitiera la historia que hoy su hijo está viviendo”, afirmó.

A las 9:00 p. m., el cuerpo fue recibido por la Guardia Presidencial. Las trompetas marcaron un minuto de silencio. Esta vez, Miguel no ingresó caminando al salón como tantas veces lo hizo para construir país; esta vez entró para no regresar. Una calle de honor formada por pañuelos blancos y abrazos sinceros acompañó su último recorrido.

La cámara ardiente permanecerá instalada hasta el miércoles 13 de agosto, cuando la Catedral Primada de Colombia lo reciba por última vez. Ese día, el país volverá a desear que el tiempo se detenga, que las balas no se hubieran disparado, y que la historia no tuviera que repetirse para comprender el dolor que vuelve a tocar a Colombia.

Categorías:Internacionales

YATVO

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