La obra galardonada con el Gran Premio Gobernación del estado Yaracuy en el XI Salón Regional de Artes Visuales Día del Yaracuy 2026, titulada Silencio Hecho Forma y creada por el artista Toribio Navarro, constituye una propuesta estética y conceptual de gran profundidad simbólica.
Se trata de una representación escultórica de una cabeza humana, concebida en dos volúmenes diferenciados que, pese a su contraste, convergen en una sola entidad. La pieza mantiene una simetría lateral en su estructura general, pero introduce una asimetría sensorial y simbólica mediante la diversidad de materiales y texturas empleadas. Este juego dual genera un diálogo entre lo visible y lo oculto, lo externo y lo interno, lo social y lo íntimo.
El rostro blanco, liso y carente de rasgos, se presenta como un símbolo de identidad universal, una máscara social que puede interpretarse como la esencia pura, el anonimato colectivo o un lienzo en blanco dispuesto a ser llenado por experiencias. Su superficie pulida transmite serenidad, silencio y neutralidad, evocando la idea de lo común y compartido.

En contraste, la parte posterior de la cabeza exhibe una textura oscura y rugosa, que remite a lo primario, lo ancestral y lo auténtico. Esta sección puede asociarse con las raíces personales, la historia íntima, la memoria oculta o la complejidad interior que cada ser humano lleva consigo. La contraposición entre ambas caras de la obra sugiere una reflexión sobre la dicotomía entre apariencia e interioridad, entre lo que mostramos al mundo y lo que realmente somos.
La técnica mixta sobre madera refuerza esta dualidad, pues la nobleza del material natural se combina con tratamientos que alteran su superficie, generando un contraste entre lo orgánico y lo intervenido. Navarro logra así una pieza que no solo impacta visualmente, sino que invita a la contemplación y al análisis filosófico.
Silencio Hecho Forma se convierte en una metáfora de la condición humana: un ser dividido entre lo externo y lo interno, entre lo social y lo individual, entre lo visible y lo invisible. La obra no se limita a ser un objeto estético, sino que se erige como un discurso plástico que interpela al espectador, obligándolo a cuestionar su propia identidad y la manera en que se relaciona con los demás.
Con esta propuesta, Toribio Navarro reafirma su capacidad de transformar la materia en un lenguaje simbólico, otorgando al arte un papel de mediador entre la reflexión íntima y la expresión colectiva. El reconocimiento obtenido en el XI Salón Regional de Artes Visuales Día del Yaracuy 2026 confirma la relevancia de su obra en el panorama artístico regional y nacional.



