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En el municipio Bruzual, estado Yaracuy, la rutina de los transportistas y choferes se ha convertido en una verdadera odisea. Desde el cierre de la estación de servicio Maracaibo, ubicada en Chivacoa, los conductores deben soportar colas interminables de hasta cinco horas para surtirse de gas natural vehicular, un combustible vital para la movilidad urbana y el transporte público de la región.

La clausura de la estación se produjo el pasado 1 de marzo, luego de que un vehículo se incendiara mientras intentaba equipar. Desde entonces, la decisión de suspender el servicio ha dejado a toda la jurisdicción con una sola bomba operativa, incapaz de cubrir la creciente demanda. Los afectados aseguran que la situación se ha vuelto insostenible y que urge la intervención de PDVSA y del Gobierno regional para reactivar la estación Maracaibo.

El impacto de esta crisis trasciende lo individual. Los transportistas, que dependen del gas natural para mantener en funcionamiento sus unidades, enfrentan pérdidas económicas por las largas horas de espera y la reducción de sus jornadas laborales. Los usuarios del transporte público también sufren las consecuencias: menos unidades disponibles, retrasos en las rutas y un incremento en los costos operativos que amenaza con trasladarse a las tarifas.

El gas natural vehicular se ha promovido en Venezuela como una alternativa más económica y menos contaminante frente a la gasolina. Sin embargo, la infraestructura para su distribución sigue siendo limitada y vulnerable. En Yaracuy, la dependencia de pocas estaciones convierte cualquier interrupción en un problema de gran escala. El caso de Chivacoa revela la fragilidad de este sistema y la necesidad de diversificar los puntos de suministro para garantizar estabilidad.

Voces de los afectados

Los choferes insisten en que la reapertura de la estación Maracaibo no solo aliviaría las colas, sino que también devolvería confianza a la comunidad. “No podemos seguir perdiendo medio día en una fila para trabajar apenas unas horas”, expresan con frustración. La exigencia es clara: habilitar nuevamente el servicio con las medidas de seguridad necesarias para evitar incidentes como el ocurrido en marzo.

La situación en Chivacoa es un recordatorio de que la planificación energética no puede depender de improvisaciones. La movilidad de miles de ciudadanos está en juego, y la solución pasa por garantizar un suministro seguro, eficiente y suficiente. Reabrir la estación Maracaibo sería un primer paso, pero el verdadero reto está en construir un sistema robusto que evite que un solo accidente paralice la vida cotidiana de todo un municipio.

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