El loanDepot park de Miami fue testigo de una de las gestas más grandes en la historia del béisbol venezolano, al derrotar 8-5 al vigente campeón, Japón, sellando su avance y regresando a las semifinales del Clásico Mundial de Béisbol, luego de lograrlo en 2009.
El duelo comenzó como un choque de trenes. Ronald Acuña Jr. encendió la pizarra con un jonrón solitario en el primer turno, pero la respuesta nipona fue inmediata con otro estacazo de Shohei Ohtani. Aunque Japón llegó a tomar el mando castigando a Ranger Suárez con un rally de cuatro carreras —incluyendo un vuelacercas de Shota Morishita—, la ofensiva venezolana mantuvo la calma. Maikel García recortó distancias en el quinto episodio con un cuadrangular de dos carreras, preparando el terreno para el estallido definitivo en la sexta entrada.
Ventaja definitiva
Todo se consumó en el 6to inning con la tensión al límite, cuando el jardinero Wilyer Abreu se vistió de héroe nacional, ante un envío del derecho Hiromi Itoh, conectando un cuadrangular de tres carreras que se perdió en las gradas, sentenciando así la ventaja definitiva.

Su celebración, con los puños en alto y un bat flip que ya es icónico, resumió el sentir de un equipo que se sabe capaz de todo.
Estocada final
Venezuela sumó una más en la octava entrada en las piernas de Ezequiel Tovar, quien aprovechó un error de tiro del lanzador japonés para anotar la carrera definitiva y blindar una ventaja que resultó inalcanzable para los asiáticos.
La tensión alcanzó su punto máximo en el noveno capítulo, cuando el destino puso frente a frente al relevista Daniel Palencia contra la superestrella Shohei Ohtani. Palencia no titubeó y dominó al astro japonés con un elevado que sentenció el último out, desatando la fiesta en el dugout y las tribunas del estadio.
Italia a la vista
Con el campeón fuera del camino, Venezuela se jugará el pase a la final este lunes en Miami. El rival será la selección de Italia, dirigida por el venezolano Francisco Cervelli.
Tras eliminar a la máxima potencia del torneo, la consigna en el dugout criollo es clara: cualquier cosa es posible.



