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El 19 de agosto de 2020, la vida en Guatanquire, un caserío tranquilo del municipio Bruzual, se quebró en silencio. Fue allí, en un patio con un árbol de mamón que parecía eterno, donde José Manuel Olivar, de 13 años, cayó ante los ojos de su hermano.

Dos días antes, aquel muchacho de ojos verdes había celebrado su cumpleaños número 13 con una torta de auyama y una sopa hecha en fogón. Nada más. Nada menos. Así lo había querido: sencillo, en casa, con su madre, sus hermanos y su abuela. La fiesta no estaba en los adornos, sino en las risas que llenaban el pequeño espacio.

José Manuel era el segundo hijo de Ysenis Carolina García. Había nacido un 17 de agosto de 2007, en Chivacoa, y desde el principio se distinguió por su ternura desbordada. Caminaba siempre al lado de Gabriel, su cómplice de travesuras, con quien compartía juegos y secretos.

Fue explorador en la iglesia cristiana del pueblo. En un campamento en Acarigua conoció la sensación de estar lejos de casa y volvió con la mirada encendida, como si hubiese descubierto un mundo nuevo. Era aplicado en la secundaria, respetuoso con los maestros y cariñoso con su madre. Tenía una costumbre que ella guarda como un tesoro: cada mañana, antes de salir, le decía:

—“Ma, te ves bonita”…

El día de su cumpleaños, mientras Ysenis cocinaba, José Manuel entró a la cocina y la abrazó fuerte. Fue entonces cuando le susurró una frase que, con los años, se transformaría en herida y consuelo:

—»Ma, hoy es el día»…

En ese momento nadie lo entendió. Dos amaneceres después, la tragedia lo volvió claro.

La tarde de la caída fue rápida e implacable. José Manuel trepó el viejo árbol de mamón; Gabriel lo acompañaba desde abajo. El crujido de una rama, un vacío de segundos, y el cuerpo del niño se desplomó en tierra. La impotencia de su hermano fue el único testigo.

En la ambulancia, Ysenis tomó su mano. Oró, lloró, suplicó un milagro. Pero en medio del trayecto, José Manuel partió. “No es así como debería suceder —se repite todavía—. No es así como se aprende a despedir a un hijo”.

Cinco años después, Ysenis sigue contando su historia con la voz entrecortada. Aprendió a convivir con la ausencia, pero no a ignorarla.

En el patio de su casa ya no está el árbol; lo cortaron porque cada rama era un recordatorio insoportable. Lo que permanece es otra raíz, invisible, hecha de memoria y amor.

“Siempre digo a las madres que aprovechen cada momento. Que les digan a sus hijos cuánto los aman. Nunca sabemos si ese será el último abrazo”, reflexiona.

Hoy, Ysenis entrena, corre, respira hondo. Se esfuerza por ser mejor madre para sus otros dos hijos. Pero, sobre todo, agradece. “Dios me dio al niño más amoroso y bello. Me dejó la mejor lección de amor. Por eso sigo siendo madre de tres, aunque uno viva en mi corazón”.

Y aunque la ausencia pesa, hay días en los que, al mirarse al espejo, aún puede escucharlo: “Ma, te ves bonita”.

Palabras de Ysenis Carolina García para su hijo José Manuel, al cumplirse 5 años de su partida:

«Mi amado José Manuel, quiero que sepas lo agradecida que estoy por ser tu mamá, por esa misión que Dios puso en mi, que fue llevarte 9 meses en mi vientre y verte llegar a este mundo.

Aunque hoy no perteneces aquí, quiero que sepas lo feliz que fueron esos 13 años contigo, lo bonito y grande de tu amor, el cual demostrabas con abrazos y con ese Ma’ Te Amo.

Hoy no puedo ver esa etapa de adolescencia en ti, lo hermoso que estarías con esos ojos verdes, hoy se que lideras en el ejército celestial, algo que anhelabas de niño, estar en el ejército, por eso tendías la cama a media noche, cosa que nunca entendí y lo relacionada con disciplina y decía -Tengo un viejito prematuro-.

Solo me queda agradecer, no te niego que te extraño en demasía, perdona si lloro y mi corazón se entristece, comprenderás que ya son 5 años y aún dueles.

Temo olvidar el tono de tu voz, tu olor, pero recuerdo que estás conmigo en cada pensamiento de las cosas bonitas que vivimos.

Te amo hijo, gracias y mil gracias, hoy honro tu memoria, te bendigo y te agradezco, por haberme enseñado como el amor de Dios puede llegar a través de un niño».

Categorías:Vivir Después

Ricardo Tarazona

Periodista Yaracuyano (CNP 23.365), egresado de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Locutor profesional (57.915) egresado de la Pontificia Universidad Católica Santa Rosa. Especialista en Derechos Humanos, egresado de la Universidad Nacional Abierta, se especializa en la fuente de comunidad.

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